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Regreso al futuro: el tiempo tal como lo deseamos

Retour vers le futur I

Casi todo el mundo ha querido alguna vez viajar en el tiempo: ver el pasado, asomarse al futuro o corregir discretamente una decisión. Regreso al futuro está construida entera sobre ese deseo, y trata el tiempo de forma deliberadamente inestable.

Un rodeo filosófico breve

Una de las primeras ideas que aparecen en una clase de filosofía es que el presente apenas existe: pasamos del pasado al futuro, y el presente es solo la unión entre ambos. En el momento en que lo nombras, ya se ha vuelto pasado.

Así entendido, el presente habla en nombre de la memoria y de la anticipación a la vez. Es donde el pasado se convierte en futuro. Y el pasado tampoco es fijo: es una reinterpretación de nuestros propios recuerdos, así que nunca podríamos restituirlo tal como fue, ni aunque pudiéramos volver.

Hay además una distinción útil entre el tiempo objetivo, el compartido de relojes y calendarios, y el tiempo subjetivo, el que cada conciencia vive de verdad. Rara vez coinciden. Quien afronta el final de su vida quiere más; quien está sufriendo quiere menos. Casi nadie está conforme con el tiempo que tiene, y por eso lo imagina de otra manera: el tiempo fantaseado del título.

La película lo literaliza. El DeLorean convierte el tiempo subjetivo —el que desearías tener, o al que desearías volver— en algo que se puede conducir. Por eso la premisa satisface de una forma que una aventura corriente no lograría: concede un deseo que el espectador ya había tenido.

Un concepto que hace tropezar a propósito

Si no conoces la película, el título sugiere que transcurre en el futuro. No es así: transcurre en el pasado, y el futuro al que Marty intenta volver es simplemente su propio presente.

Hay un placer menor en notar que este artículo se escribe en el futuro de la película —estrenada en 1985— y otro mayor en notar que una película sobre viajes en el tiempo ha viajado ella misma por el tiempo: sigue culturalmente presente cuatro décadas después.

Robert Zemeckis y Bob Gale vieron su guion rechazado más de cuarenta veces antes de que se rodara. A los estudios les parecía demasiado inocente para quienes buscaban comedia gruesa y demasiado rara para todos los demás. Conviene saberlo: la película que definió la idea que una década tuvo de sí misma fue, durante años, la que nadie quería.

¿Salva Marty su pasado?

Marty es enviado por accidente de 1985 a 1955, donde conoce a sus propios padres y su madre se enamora de él. Para llegar a existir en 1985 tiene que redirigir ese amor hacia su padre.

Pero hace algo más. A su padre lo acosa Biff; su madre bebe de una manera que apunta a la versión que Marty conoce. Así que le enseña a su padre a plantarle cara a Biff y trabaja sobre la bebida de su madre.

Al final ha salvado de verdad su pasado: vuelve a un 1985 donde sus padres son más felices que los que dejó.

Fíjate en lo que la película dice sobre cómo ocurrió. Marty no le da a su padre dinero, contactos ni oportunidades. Le da un solo momento de plantarse, y todo lo demás se deriva del cambio en cómo George se ve a sí mismo. El argumento del film sobre la transformación es que empieza por dentro y que las circunstancias externas se reorganizan alrededor, lo cual resulta inspirador o simplista según el día en que la veas.

El tiempo fantaseado y su atractivo

El viaje temporal fascina al mundo artístico precisamente porque sigue siendo imposible. La memoria colorea el pasado de forma poco fiable; el tiempo transcurrido no se altera. El futuro parece más editable, pero sigue atado a circunstancias que no controlamos.

Regreso al futuro permite a Marty hacer lo que casi todos querríamos: cambiar una cosa allí y mejorarlo todo aquí. Sigue siendo una ficción —una versión fantaseada del tiempo— y por eso mismo sigue resultando agradable meterse dentro.

Hay una lectura más oscura disponible, y la secuela la recoge. Si un cambio pequeño puede mejorar una vida, un cambio pequeño también puede arruinarla. La fotografía del bolsillo de Marty, con sus hermanos desapareciendo poco a poco, es el recordatorio de que la fantasía corta por los dos lados.

Tres escenas que merece la pena revisar

El centro comercial Twin Pines. Mira el cartel al principio y al final. La película te cuenta toda su tesis sobre las consecuencias mediante un elemento de decorado, sin una línea de diálogo.

La mesa familiar en 1955. Marty conociendo a su madre adolescente está rodado en clave de comedia y hace algo serio: recuerda que nuestros padres fueron personas antes de ser padres.

El rayo. Una secuencia construida enteramente sobre la sincronización, donde cada elemento se ha establecido antes. Es uno de los ejemplos más limpios de planteamiento y resolución del cine popular.

Notas de lengua

Diálogos rápidos, cómicos y llenos de argot estadounidense de época, repartido en dos épocas —1985 y 1955—, que es parte de la gracia y parte de la dificultad. Excelente para nivel intermedio alto; usa subtítulos en inglés la primera vez.

La película es deliberada con el argot generacional, y eso resulta insólitamente útil para un alumno: oyes qué expresiones envejecen y cuáles sobreviven. El vocabulario de Marty de 1985 desconcierta a la gente de 1955, y el film hace un chiste recurrente con ello.

Expresiones que merece la pena anotar:

  • «Heavy»: argot ochentero para «serio» o «importante»; Doc lo entiende siempre en sentido literal, que es el chiste
  • «Make like a tree and leave»: el modismo que Biff destroza; la forma correcta juega con leaf/leave y significa «lárgate»
  • «Give me a break»: déjame en paz, o no me lo creo; extremadamente común en inglés americano hablado
  • «Where we’re going, we don’t need roads»: la frase final, y un buen ejemplo de la anteposición where + oración para dar énfasis

Míralo en e-dutainment.

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